miércoles, 24 de agosto de 2011

A Borges

Andando solo por las calles numerosas,
A veces pienso en el oxímoron incierto
De estar tan solo como en medio del desierto,
Al ser rodeado por la gente tumultuosa.

Hubo tal vez aquí, en este espacio mismo,
Sólo que en otro tiempo, un hombre atormentado
Por avatares similares del pasado;
Por los espejos innombrables y su abismo;

Por el felino y por sus ojos, que adivinan
Furtivamente los secretos que guardamos;
Por laberintos infinitos y encantados,
Y por el tiempo, que devora nuestra vida.

Observador sagaz de ciclos caprichosos,
Más orgulloso de lecturas que de escritos,
Supiste verte bajo sombras de eruditos,
Como las sombras de tus versos, ya gloriosos,

Que hoy se proyectan a su vez sobre los míos.
Y en este inciso tan modesto, se me ocurre
Que aquéllos ciclos de que hablabas aún discurren,
Y que hoy, tuya es la sombra, y yo soy el sombrío.

(24/8/2011)

martes, 26 de abril de 2011

La congregación de los pájaros

Borges habló una vez en uno de sus relatos (o en varios de ellos, probablemente), de un poema épico persa llamado "Mantiq-al-tayr", que uno de sus personajes estaba empecinado en traducir. El poema existe: una traducción somera de su título podría bien ser "la conferencia de las aves". En él, un grupo de aves emprende el vuelo por el mundo para encontrar al Simurg, un ave legendaria y divina que es dios de todos ellos. Tras un largo camino de autodescubrimiento y de crecimiento espiritual descubren que el Simurg no está en ninguna parte, y que a la vez es todos y cada uno de ellos.

Lejos de estos divagues medio-orientales, aquí en Buenos Aires, lejos de estos giros filosóficos en los que el todo está en el uno y el uno en el todos, parecemos cada vez más divorciados de nosotros mismos... no nos integramos a un ente grupal; por el contrario, nos vamos subdividiendo hasta contener cada uno a diferentes seres, muchas veces plenamente antagónicos. O al menos, eso me pasa a mí.

Siempre ví las ciudades como a los desiertos, como a imágenes trastocadas, opuestas pero similares a las de los desiertos. Lugares en donde uno está rodeado de personas, pero donde esas personas son tan ajenas que la soledad emocional es mayor que la soledad física. Las mujeres casi desnudas miran desde la tapa de las revistas, y ejercen su poder; el que está desnudo ante ellas es uno. Vamos de aquí para allá seguros de las acciones diarias y seguros de que cuatro por tres es doce; asumiendo esas seguridades para cubrir los enigmas indescifrables que yacen por debajo de lo obvio. No "por qué" cuatro por tres es doce, sino "para qué".

Escribo esto pensando que tal vez algún día podamos, como dice mi pequeña licencia de traducción, "congregarnos" como las aves persas, formar una sola bandada que sea más fuerte que cada individuo, o ser un sólo pájaro, más allá de los dioses y los vientos... Miércoles 27 de abril de 2011